¿Y cómo enseño a mis hijos a ‘comer bien’?

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¿Y cómo enseño a mis hijos a ‘comer bien’?

La Habitación Saludable, Nutrición

 

A veces nos preguntáis en consulta cómo hacer que vuestros hijos coman mejor sin convertir la mesa en un campo de batalla. La buena noticia es que no hace falta hacerlo todo perfecto desde el primer día; con estrategia y paciencia puedes enseñar a tus hijos a disfrutar de alimentos que les harán crecer sanos, además de valorar que la comida no llega sola a la mesa.

No hay receta mágica, pero esto te puede ayudar

  1. Empieza poco a poco, sin cambios drásticos

No hace falta que tires ahora mismo todos los alimentos ‘menos buenos’ que tienes en tu cocina. Lo ideal es ir introduciendo mejoras poco a poco para que no se note tanto. Por ejemplo, puedes comenzar a: incluir fruta en los desayunos, o meriendas si no lo haces ya; puedes cambiar los zumos por agua como bebida en en el cole, meriendas o excursiones; ofrecer verduras con mayor frecuencia, usar pan integral en algunos días… Cuando los pequeños se van acostumbrando, esos cambios se quedan como parte natural de la rutina.

  1. Adapta la alimentación a la vida familiar

Tener rutinas, horarios realistas y platos que podáis compartir todos ayuda muchísimo. Si tú o tu pareja pasáis mucho tiempo fuera de casa, ten disponibles opciones  fáciles que te hagan la vida más fácil (por ejemplo, verduras picadas en el congelador, salsas hechas en casa que se puedan congelar para hacer una pasta, sofrito para arroz, etc.). Comprar verdura o pescado congelado facilita mucho la preparación de platos cuando la logística de casa es complicada. Y si tu hijo come en el colegio o en casa de otros, planifica qué alimentos puede llevar o elegir, con la idea de complementar con lo que coma luego en casa.

  1. Permite caprichos sin agobiar

Ya lo decía Obelix: “Comer es un placer!” Es importante recordar que no comemos sólo para nutrirnos, sino también porque genera satisfacción y, además, es un acto cargado de emociones.  Los niños también necesitan disfrutar con la comida: un helado, una galleta, un dulce de vez en cuando no son malos si no se convierten en algo habitual. Evita decir que ciertos alimentos son malos o prohibidos. Es mejor hablar de ellos como algo de lo que disfrutamos ‘de vez en cuando’. Así les transmitimos responsabilidad, no culpa.

  1. No mires las “calorías” sino la calidad nutricional

Recuerda que las calorías no son todas iguales. Cuando elijas los alimentos no te fijes tanto en su contenido calórico sino en que aporten lo que necesita tu hijo para crecer: proteínas,  hidratos de carbono complejos (como cereales integrales, legumbres, tubérculos…), grasas saludables (aceite de oliva, pescado azul, frutos secos…), vitaminas, fibra,… y menos azúcar libre. Si un alimento tiene más calorías pero aporta nutrientes, va a ser mejor que uno con menos calorías, pero vacías.

  1. Un entorno que ayude es clave

Que haya frutas visibles y accesibles en casa, que los snacks sanos estén a mano, que los dulces o snacks menos saludables no sean lo primero que ven al abrir la despensa. También sirve que impliques a tu hijo en planificar lo que vais a comer, hacer la compra, cocinar platos sencillos. Así se familiariza con los alimentos, aprende a valorar el tiempo que se emplea en prepararl y aumenta la curiosidad.

  1. Buscad actividades al aire libre

Llevar una buena alimentación forma parte de llevar un estilo de vida saludable. No hace falta inscribirlo en algo si no le apasiona, pero sí que se mueva todos los días. Si le gusta el deporte, genial; si no, que haga juegos activos, excursiones, saltar, correr.

  1. Da ejemplo, sé paciente y flexible

Los cambios cuestan trabajo y llevan tiempo. Lo primero es que te vea a ti hacer lo que le estás pidiendo. Habrá días que coma mejor, otros en los que la elección no sea tan buena, otros en los que no quiera probar algo nuevo (neofobia) -mira este experimento que hicimos en LHS!- Lo importante es mantener la constancia sin exigir perfección. Si hay un trozo de tarta en una celebración, no es el fin del mundo. Lo clave es la actitud de volver a lo saludable en la siguiente comida sin darle más vueltas.

Comer bien en la infancia no significa seguir una dieta estricta, sino aprender a elegir bien los alimentos que nos sienten bien y a disfrutar de ellos en familia. Cada paso, por pequeño que sea, cuenta. Una fruta más al día, un vaso de agua en lugar de un refresco, una cena compartida sin pantallas… Con el tiempo, estos gestos se convierten en hábitos duraderos que acompañarán a los niños durante toda su vida.

 

Recuerda que son solamente unos conceptos generales, y que es necesario acudir a un Dietista-Nutricionista o Psicólogo que trate tu caso con profundidad. Todavía tenemos muchas cosas que contarte sobre cómo cuidar la salud, así que no dudes en suscribirte a nuestra newsletter y ponerte en contacto con nosotros para estar actualizado. Estaremos encantados de ayudarte. 🙂

 

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